Luego de un verano durmiente, la sala teatral que hasta el año pasado albergaba el más largo festival operístico internacional se desperezó para la usual temporada otoñal de la Glyndebourne Touring Opera. Normalmente se ofrecen algunas producciones ya puestas en el emblemático festival de verano, y alguna primicia a presentar allí dos años después. Y siempre con cantantes jóvenes, algunos muy promisorios. Pero este año, el COVID impuso una programación modesta: sólo dos títulos, una adaptación local de la Bouffe de Jacques Offenbach Mesdames de la Halle y una versión abreviada de 90 minutos de La flauta mágica. Y nada de gira por el interior del país sino solamente representaciones en Glyndebourne.
Mi decisión de ir a la primera, Mesdames de la Halle, fue en parte ritual, porque después de visitas ininterrumpidas desde 1984 no quería…
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