Aunque hablando en su maravilloso francés, Minkowski, que
también hizo de narrador de la trama, muy extrovertido, usó esa frase en inglés
para justificar que esta versión fuera en realidad un florilegio de los números
principales (alguno no tanto) de la ópera. Y se explica bien: las dos funciones
previstas cayeron víctimas del nuevo cierre. Aunque en Valencia se pudo hacer
completa una vez aquí, para reabrir el Liceu (de nuevo con Mozart), hubo que
utilizar una sola fecha para los dos conciertos previstos. Añádase el toque de
queda y las casi tres horas quedaron en la mitad, una primera vez a las 17, la
segunda a las 20.30 (con respectivos tests para los artistas, más el del día
anterior para realizar las pruebas). Buena voluntad, mucho deseo de debutar en
el Liceu, y puesto a empuñar las tijeras cayó el único personaje ‘romano’…
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