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Perspectivas sobre Donald Trump

La Babilonia estadounidense, cristianos en la encrucijada

Juan Carlos Tellechea
jueves, 7 de enero de 2021
Am Scheideweg © 2020 by Herder Verlag Am Scheideweg © 2020 by Herder Verlag
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El asalto al Capitolio de los Estados Unidos, con un saldo de cuatro muertos, es apenas una muestra del grave enfrentamiento que libran desde hace varias décadas dos grandes campos en la sociedad de ese país: uno el de los conservadores y fundamentalmente religiosos (sobre todo cristianos y judíos); el otro, el de los liberales religiosos seculares e ilustrados.

Los liberales se apoyan en los movimientos sociales y se ven representados por las élites culturales. Los cristianos conservadores, por otro lado, se han aliado a menudo con los movimientos de la supremacía blanca (de ideología racista) y las élites empresariales neoliberales.

Philip Gorsky, «American Babylon: Christianity and Democracy Before and After Trump». © © 2020 by Routlege.Philip Gorsky, «American Babylon: Christianity and Democracy Before and After Trump». © © 2020 by Routlege.

Este es el tenso panorama que describe en ese país el destacado sociólogo Philip Gorski,  profesor de la Universidad de Yale, en su muy interesante libro American Babylon: Christianity and Democracy Before and After Trump (Babilonia estadounidense: cristianismo y democracia antes y después de Trump), de la prestigiosa editorial Routledge,  de Londres, traducido del inglés estadounidense al alemán por Philip Gorski y Hella Heydorn, y publicado bajo el título de Am Scheideweg  (En la encrucijada) por la renombrada editorial Herder, de Friburgo*.

La afinidad electiva entre cristianismo y democracia estropea las cosas

El libro se centra en el nacionalismo cristiano que surgió durante la guerra de conquista contra los pueblos originales de América del Norte hace unos 300 años y fue apoyado principalmente por los protestantes blancos.

Esa narrativa histórica según la cual Estados Unidos fue fundado y construido por cristianos blancos, condujo a la prosperidad y la paz. Su predominio hoy está amenazado por intrusos no blancos, no cristianos: inmigrantes, musulmanes, humanistas, ateos, comunistas.

“Y hay que proteger esta base de la nación, el país a toda costa. Para ello se necesita un hombre fuerte. Y fue entonces cuando Donald Trump fue enviado por Dios, como creen muchos de ellos", subraya Gorski.

Pero, antes de pasar a la relación entre los evangélicos blancos y Donald Trump, Gorski emprende una excursión por la historia de la democracia y el cristianismo en Estados Unidos; y termina inevitablemente con Alexis de Tocqueville

Pese a su visión de futuro, Tocqueville también tenía sus anteojeras. Estaba tan obsesionado con mostrar la compatibilidad del cristianismo y la democracia en Estados Unidos que no vio que el cristianismo podía integrar la jerarquía y la monarquía igualmente. Sus anteojeras le impidieron afrontar la posibilidad de que la larga y feliz afinidad electiva entre el cristianismo y la democracia algún día se seque ", señala Gorski.

En otro capítulo, el sociólogo describe cómo el partido Republicano y los cristianos conservadores, tanto los evangélicos conservadores blancos como los católicos conservadores, se han acercado cada vez más desde la década de 1970. Una coalición que finalmente llevaría a Trump a la presidencia. Más del 80 por ciento de los cristianos evangélicos blancos votaron por Trump, fue el grupo de votantes más dominante en 2016.

El resurgimiento experimentado en la década de 1980 está representado principalmente por evangélicos blancos conservadores. En los Estados Unidos alrededor del 20 por ciento de la población pertenece a esa orientación particularmente devota del protestantismo. El predicador y animador estadounidense Billy Graham  (1918-2018) fue uno de sus representantes más influyentes.

Durante mucho tiempo, los evangélicos del sur, como los católicos del norte, se inclinaron por el liberalismo político y votaron principalmente por el partido Demócrata.  Sin embargo, con el debate sobre el aborto y la supremacía blanca emergente, los republicanos lograron atraer a ambos bandos a su lado desde el decenio de 1980.

Pieza enlazada

Pero ¿por qué la gran mayoría de los evangélicos blancos (alrededor del 80 por ciento) eligió en 2016 a Donald Trump  como presidente, quien no era considerado de ninguna manera como religioso? Sus televangelistas elogiaron al empresario como un "hombre cristiano que ha vuelto a nacer" y lo compararon con el rey David del Antiguo Testamento (¡habrase visto tamaña imbecilidad!).

Según el autor, Trump, quien sigue presentándose como el protector de su movimiento y trata por todos los medios de mantenerse en el poder (incluso bajo la aplicación de la ley marcial en los estados donde perdió para que se celebren allí de nuevo elecciones). Gorski trata en su libro de aclarar muchos malentendidos. El mayor de ellos es la suposición de que los evangélicos estadounidenses son un bloque monolítico.

“Hay que hacer algunas distinciones, en primer lugar entre los evangélicos afroamericanos y latinoamericanos, que son más progresistas en temas como la inmigración, el estado de bienestar y la política social; y por otro lado los evangélicos blancos ".

La impiedad no es un argumento

¿Cómo puede Dios elegir a un Mesías tan impío? Gorski señala que esta cuestión tiene sin cuidado a los más acérrimos entre los partidarios evangélicos de Trump. Simplemente toman metáforas prestadas del Antiguo Testamento. 

La mayoría compara a (Trump) con Ciro II, el rey persa que liberó a los antiguos israelitas de su cautiverio en Babilonia y les permitió regresar a Jerusalén y reconstruir su templo. Al igual que Trump, afirman, Ciro era un hombre pagano a quien Dios usó como herramienta para proteger a su pueblo 

señala el profesor de sociología de Yale.

Cualquiera que argumente de esta manera es inmune a argumentos racionales, y también inmune a las dramáticas consecuencias que tuvo la desastrosa presidencia de Trump para centenares de miles de estadounidenses, con el manejo chapucero, descuidado e irresponsable de la pandemia“, subraya Gorski.

La esperanza descansa ahora en los evangélicos no blancos

El sociólogo esperaba al comienzo de la pandemia que se rompiera la aprobación de los evangélicos hacia Trump. 

De hecho, los índices de aprobación han bajado un poco, pero al final votaron por él de todos modos.

A largo plazo, Gorski pone su esperanza en los cristianos evangélicos más jóvenes y no blancos. Y sobre el hecho de que los progresistas seculares se encuentren parcialmente.

La cuestión es si estarían dispuestos a ceder parte del terreno y encontrarse con los conservadores sociales en la tierra de nadie entre las trincheras de las luchas culturales? [...] El futuro de la democracia estadounidense también dependerá de su respuesta

Sin embargo es mucho más probable que Trump se los ponga a todos ellos de nuevo en su bolsillo.

Los republicanos y la limpieza étnica

Pieza enlazada

Los evangélicos blancos se sienten eminentemente amenazados, incluso perseguidos, por los cambios demográficos en su país y por los acontecimientos liberales como el aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo. El lema de Trump "Make America Great Again"  es una figura dirigida en primer lugar a ellos. Representa un programa que reclama el país para el nacionalismo cristiano blanco.

La conexión entre la fe y la política ha sido y sigue siendo tan estrecha en ese país, 

sobre todo, porque el partido Republicano se ve cada vez más como un partido blanco y cristiano, que ve a los Estados Unidos como una nación blanca y cristiana. En cualquier caso, quiere defender el dominio de los cristianos blancos y simpatiza con la "limpieza" de la nación de no cristianos y no blancos, como los musulmanes, los ateos y los socialistas y comunistas, afirma Gorski.

La mayoría de los observadores académicos o de los medios de comunicación ven esto como un trueque. Trump promete nombrar jueces que se opongan al aborto y defiendan los valores conservadores.

La cosmovisión de Trump corresponde a la evangélica

Otra razón frecuentemente citada sobre el comportamiento electoral de los evangélicos es la llamada polarización negativa: no votan por Trump, sino contra los demócratas y sus valores. Pero estas explicaciones no son suficientes para el sociólogo.

“Lo que pasa es que muchos evangélicos blancos aman a Trump, lo aman desde el fondo de sus corazones.; y mi argumento es que la cosmovisión de Trump se corresponde de alguna manera con la cosmovisión evangélica; se trata de nacionalismo cristiano blanco ", sostiene Gorski

El sociólogo disecciona el triunfalismo como populismo de derecha que pretende proteger a la "gente común" de las élites. No sin razón el trastornado Trump se ha hecho popular entre la clase trabajadora blanca como el "azote de las élites" o el “azote del sistema“. Incluso en el protestantismo norteamericano, que es inherentemente elitista, hay tendencias anti-elitistas, una vez dirigidas contra el clero educado y liberal y ahora contra las élites en el mundo académico, los medios de comunicación y la cultura.

La época post-Trump

¿Continuarán los evangélicos con esta política? Sí. Gorski teme que la pandemia del coronavirus pueda reforzar las tendencias autoritarias y antidemocráticas de los cristianos de Estados Unidos. Por otra parte, aguarda que una gran parte de ellos pueda (de nuevo) comprender que la democracia y el protestantismo pueden cruzarse y no tienen por qué obstaculizarse mutuamente. Los rebeldes liberales en sus filas, que hasta ahora han mantenido un perfil bajo, podrían en su opinión influir decisivamente en las futuras elecciones.

El libro es sumamente interesante, no solo para el público estadounidense, y permite a los lectores de dentro y fuera de ese país conocer esos extraños e intrincados mundos de sus sectas religiosas, sin necesidad de consultar enciclopedias para informarse sobre los respectivos actores, movimientos y organizaciones. La obra es una mezcla esclarecedora, poderosa, y a veces incómoda, de análisis histórico, ensayo político y comentario actual.

Los católicos

Por otra parte, los católicos estadounidenses (alrededor del 22%) son en estos momentos uno de los grupos de votantes más interesantes; ocupan realmente el centro político, por lo que el espectro de opinión va desde los reaccionarios hasta el marxismo. Joe Biden,  el 46º presidente de los Estados Unidos de América que juramentará su cargo el próximo 20 de enero de 2021 a las 12 horas (de Washington DC), será el segundo jefe de Estado de fe católica en ese país, después de John F. Kennedy.  Biden se describe a sí mismo como un católico devoto, pero también defiende la política liberal y apoya el aborto. Durante la campaña electoral un sacerdote de Carolina del Sur le negó la comunión por esa razón.

Los extremos

Gorski ofrece dos ejemplos concretos de estos dos extremos de católicos norteamericanos. El hasta ahora fiscal de distrito, Bill Barr, es también un ferviente católico conservador y en una entrevista de prensa tildó recientemente de Jacobinos a los Democrátas, por querer derrocar y destruir el sistema. Pero se quedó de una pieza cuando acto seguido se le preguntó si quería instalar guillotinas y comenzar a decapitar de inmediato.

Y al otro lado del espectro de opinión, la joven católica convertida Elizabeth Bruenig, quien escribe para el Washington Post y ahora para el New York Times, que defiende la teología de la liberación y que explícitamente entiende que el marxismo es bien compatible con cierta comprensión de la teología católica.

Así que se trata de una comunidad muy amplia y eso tiene que ver con una profunda tensión también dentro de las enseñanzas de la propia iglesia. Por un lado las enseñanzas sociales que tienen como consecuencia el estado de bienestar y así sucesivamente; y por otro, la familia y las enseñanzas sexuales, que se oponen tanto al matrimonio homosexual y sobre todo al aborto. La manera cómo el católico sopesa estos dos imperativos morales entre sí es lo que determina en última instancia su decisión de voto.

"Los republicanos no necesitan puentes"

Estas son las profundas divisiones que deben ser superadas, no sólo dentro del electorado católico, sino también, en general, de los blancos conservadores estrictamente religiosos mencionados antes. Pero también hay afroamericanos evangélicos que van a la iglesia y que están entre los votantes principales del partido Demócrata, los jóvenes de orientación secular.

Es dificil incluso para Biden realizar un acto de equilibrio tan amplio y desalentador, por supuesto. Se trata de establecer cierta visión, una narración de la unión nacional, hacerla creíble y también encarnarla personalmente. También lo hace, en cierto sentido, al haber elegido como vicepresidenta a Kamala Harris, nacida en una familia de emigrantes -madre de la India y padre de Jamaica. Kamala Harris se crió en Oakland, una ciudad muy diversas y bastante pobre del norte de California. Así que Biden y Harris representan muy bien la posición del partido Demócrata.

Para los postulantes a la presidencia estadounidense ya no es una desventaja pertenecer a la minoría católica. Los católicos están tan divididos como la propia sociedad norteamericana, subraya Gorski. Los correligionarios demócratas además se han convertido en una grey tan diversa que incluso muchos no creyentes se sienten en su propio hogar en esa colectividad política. En realidad, la profesión católica de Biden no influyó en los resultados electorales, y quienes lo eligieron no lo hicieron necesariamente porque profesara esa fe.

Los cálculos diabólicos de Trump

Nada menos que el ignorante, mentiroso y amoral Trump cuestionó la religiosidad de Biden durante la campaña, al afirmar que éste no tenía religión, que estaba violando la Biblia, y que no creía en Dios, ante lo cual Biden defendió elocuentemente su fe cristiana.

Para los conservadores cristianos Estados Unidos se basa en valores bíblicos e incluso en instituciones bíblicas, y entienden la Constitución del país como un documento religioso de base cristiana. Según estudios de campo comparativos realizados en 34 países sobre religión y sistemas de valores, el 45% de los norteamericanos considera a Dios esencial para la moralidad.

En segundo término, muchos piensan que la moralidad solo puede sostenerse sobre bases religiosas. De modo que, si un no cristiano ocupa la Casa Blanca o si la población se aleja cada vez más de la religión cristiana, eso amenazaría los fundamentos morales de la nación.

"Algunos creen que Trump fue enviado por Dios"

Por supuesto, aquí surge el gran enigma de cómo entender a Trump como un verdadero cristiano. Hasta ahora hay pocos signos de ello, más allá de algunos gestos simbólicos, como el de pararse frente a una iglesia cristiana con una Biblia para dejarse fotografíar. Esto es algo que también perciben algunos, incluso entre los evangélicos blancos. Pero, a pesar de todo, realmente piensan que Trump es un buen cristiano, que es una persona convertida. Y esta opinión también es reforzada por los líderes del movimiento evangélico; prominentes líderes del movimiento que también lo ponen bajo esa luz.

En la Biblia, a los reyes también se les llama "los ungidos de Dios". En los Estados Unidos, los evangélicos ahora afirman que el Trump también es un "ungido por Dios" (Mesías en hebreo, Cristo en griego). Y cada vez más gente está de acuerdo con la idea.

Esto es súper importante, por supuesto, señala Gorski. Hay otras razones también. En primer lugar, el caso de los jueces conservadores, quienes en el tema del aborto están en contra de liberalizarlo y por eso son elegidos. Segundo: hay mucha gente que siente que está siendo perseguida de alguna manera, que está siendo marginada. Así que necesitarían un protector fuerte, y creen ver en Trump a la persona idónea.

Algunos incluso creen que Trump es enviado por Dios para protegerlos y devolverles el país. En tal sentido, el candidato presidencial demócrata Joe Biden es un político que busca reconciliar en lugar de dividir a la sociedad estadounidense; su capacidad de empatía lo convierte en un peligroso oponente para Trump.

Pero el problema es además que los propios republicanos tienen un electorado mucho más homogéneo, y no es tan difícil construir puentes allí, no los necesitan. Así que el trabajo simbólico que tiene que hacer un presidente demócrata es mucho más dificil. Pero si Biden no hubiera ganado las elecciones por el margen que consiguió, seguramente se habrían producido disturbios en los Estados Unidos por la falacia de Trump sobre un fraude electoral (sin pruebas e inexistente), y aún así es imprevisible todavía lo que puede ocurrir, tras su derrota, al mantener, como mantiene, un volumen de más de 70 millones de seguidores.

Si hubiera ganado Trump, el próximo presidente también se llamaría Trump

Los evangélicos también esperan relaciones más estrechas con Israel, porque muchos nacionalistas cristianos blancos son asimismo cristianos sionistas, para quienes Israel desempeñaría un papel clave en su visión del fin de los tiempos.

Muchos nacionalistas cristianos están firmemente convencidos de que nos acercamos al final de los tiempos, en el que Jesucristo regresa a la tierra, y de que lo vivirán. Pero antes de eso, todas las profecías del Antiguo Testamento y del Apocalipsis de Juan deberían hacerse realidad. Entre otras cosas, antes del regreso de Cristo, el pueblo judío debe regresar a Israel y el templo debe ser reconstruido. Y en tercer lugar, esto es también lo que los evangélicos esperan de Trump, la inmigración a los Estados Unidos debe ser frenada. Este es también un punto importante para los nacionalistas cristianos blancos a fin de preservar la imagen demográfica de los "Estados Unidos blancos" en la medida de lo posible. Esos serían los tres puntos clave.

"Con cuatro años más en el cargo, Trump hubiera seguido torciendo el sistema legal y el sistema electoral de acuerdo a sus necesidades" y, en general, a las de los evangélicos blancos. Si mira retrospectivamente los resultados de las elecciones de 2016, la mayoría de los evangélicos no blancos votaron por Hillary Clinton.

En parte por la política migratoria, pero también porque están más abiertos al estado del bienestar y no están de acuerdo con la línea del partido Republicano tanto como los evangélicos blancos. Eso se aplica a la política social, la política de armamentos, la política exterior, etcétera. Y, por supuesto, los evangélicos no blancos tienen experiencias de vida muy diferentes a las de los evangélicos blancos.

Estas elecciones fueron cruciales para el futuro de la democracia en los Estados Unidos. Si Trump hubiera triunfado y hubiera permanecido en la Casa Blanca cuatro años más, después de las siguientes elecciones en 2024, el presidente probablemente seguiría llamándose Trump; ya sea Trump Senior o Trump Junior o Ivanka o quien fuera. Porque con cuatro años más en el cargo, Donald Trump hubiera retorcido el sistema legal y el sistema electoral a su gusto, de tal manera que ya no se hubieran podido esperar más elecciones libres. Lo creo profunda y firmemente, concluye Gorski.

Notas

Philip Gorski, «Am Scheideweg. Amerikas Christen und die Demokratie vor und nach Trump», Freiburg: Herder, 2020, 224 Seiten. ISBN: 978-3-451-38890-3

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