Acabo de escribir una reseña más bien negativa sobre un nuevo trabajo de Carsen. Esta reposición, en cambio, lo encuentra en un repertorio que se le suele dar magníficamente, el del barroco y particularmente el mundo de Händel. Esencial y dinámico, estático cuando debe serlo, con oportunos y no excesivos toques irónicos (esa 'Dorinda' que ya no cree a 'Medoro' y que harta y despechada de escuchar sus excusas se pone a planchar mientras el mancebo desgrana una de esas melodías celestes de Händel…), con un 'Zoroastro' especie de doctor Freud y mago con su libro mágico en la mano, unos toques esenciales de decorado (un yelmo, una armadura, una doncella desnuda y un guerrero audaz) y una escena pastoral de antología que se transforma en el río infernal para la gran escena final de la primera parte, la de la locura del héroe, lograda con…
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