El ataque fue fulminante: al anochecer de este histórico 21 de marzo, el añejo Caballero de la Rosa que dominaba Munich desde 1971 se había replegado con todas sus pelucas, miriñaques y calzones cortos para abandonar la plaza a una agresiva propuesta post moderna. En ella la Mariscala, Sophie y Octavian se adueñan de un acto cada uno, para desarrollar sus maquinaciones en alternativas de fantasía y realismo similares a los de la comedia musical contemporánea. “Comedia para música” llaman los creadores a esta obra que, recalcó Vladimir Jurowski en una mesa redonda, abandona el sinfonismo dominante en Salomé y Elektra para impulsar la acción a través de un revolucionario diálogo entre cantantes e instrumentos.
Este desarrollo dialéctico fue aquí dinamizado por una orquestación que Eberhard Kloke reduce a más o menos cuarenta músicos, con lo…
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