“¡Vamos a ver! ¡Cuénteme usted de que se trata Parsifal!” Con esta pregunta se deleitaba en tomarme el pelo la legendaria pianista de Terezin Alice Sommer-Hertz cuando discutíamos sobre Wagner, yo en su defensa y ella nunca tomándoselo demasiado en serio. Luego de unas pocas frases mías sobre el Grial y Kundry, la anciana me interrumpía con un gesto risueño y una exclamación burlona, como queriendo decir “¡Pobre Wagner! ¿Quién puede tomarse en serio esta estupidez?”
Porque Alice era una atea tan radical como su amigo Franz Kafka y para ella cualquier metafísica religiosa nunca pasaba de ser costumbrismo o superstición. Tal vez se hubiera interesado por una narrativa como la propuesta por Kirill Serebrennikov en la nueva producción de la Ópera de Viena. En ella Montsalvat es un gulag, una cárcel de humillación y torturas en la cual una…
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