La primera ópera de Britten (¡qué forma de debutar!) tiene mi misma edad, y fuerza es reconocer que la lleva con mucha más gallardía que un servidor. De hecho se le podría aplicar eso que se decía de Carlos Gardel después de muerto (Cada vez canta mejor).
Lo que ocurre es que me sigue asombrando que, siendo una de las obras maestras de la lírica del siglo pasado, su representación siga pareciendo un acontecimiento. Sin ir más lejos, en este Teatro, que se ha demostrado buen defensor de Britten (estoy esperando aún la edición en dvd de la magnífica Gloriana que presentó no hace mucho), hacía un cuarto de siglo que no subía a escena. No se me puede acusar, creo, de no querer a Verdi o Mozart, pero tendría más sentido muchas veces representar una obra difícil como ésta, que por lo general no sale mal parada, que las incontables reposiciones…
Comentarios