Cada vez que un crítico escribe que la orquesta sinfónica de su localidad es la mejor del país muere una melodía. Afortunadamente hay un buen número de buenas orquestas que no merecen ser escuchadas con la camiseta del equipo puesta, sino con los oídos bien abiertos. Una de esas buenas orquestas es la Sinfónica de Bilbao, que como todas las de un nivel equiparable sabe esquivar los arrecifes cuando está a las órdenes de un director poco dotado y vuela sobre las aguas cuando tiene delante a un director de calidad. El viernes la orquesta de Bilbao voló.
Unai Urrecho dirigía por vez primera en la temporada de la Sinfónica bilbaína. Con un gran prestigio en Korea, país tan exigente y sólido musicalmente como periférico respecto al circuito musical de nuestro ámbito, Urrecho pudo mostrar su clase con una sinfonía, la número 8 de Dvorak, que…
Comentarios