En la sala pequeña, de cámara se presentó la cada vez más reconocida soprano egipcia, que debutó en Barcelona con gran éxito a fines del pasado año en el Life Victoria. Esta vez lo hizo en el marco de los conciertos auspiciados por la Asociación Franz Schubert, que aprovechó la ocasión para premiar a Alfred Brendel por su dedicación al impulso de la obra del gran autor y al cantante Samuel Hasselhorn, también ascendente, como joven valor.
Había oído tanto y tan bueno de Said que, como ocurre en estos casos (no estaba en Barcelona para el anterior concierto), salí, no diré decepcionado, pero sin que jamás durante todo el concierto (modificado por la imposibilidad de ensayos) dejara de recordar que estaba en una butaca escuchando a una cantante.
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