Luego de dormir el sueño del COVID en el 2020, el Festival de Glyndebourne reabrió
este año con una audiencia enmascarada y forzosamente reducida a un aforo del
50%. Lo cual quiere decir que fue una audiencia tan distanciada como la regie de personas de Damiano Michieletto,
cuya propuesta escénica consistió en un experimento minimalista de paneles
blancos que de vez en cuando se abren al fondo para dejar entrever una luz
esperanzada como el ansia de libertad de la protagonista y agresiva como su
adulterio.
La libertad es machaconamente simbolizada por un ángel que danza
demasiado frecuentemente alrededor de la protagonista para ser finalmente
encarcelado por una suegra que hasta llega a cortarle las alas. También Katia
va y viene entre la jaula a la suegra y viceversa, porque el regisseur insiste
algo puerilmente en advertirnos que Katia…
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