Muy acertado volver a presentar en forma de concierto (la parte escénica eran unos cestos con flores, luces, y entradas y salidas bien marcadas y ajustadas a la trama, pero los vestidos eran de concierto) esta pequeña joya, única incursión lírica (pero hay que recordar sus maravillosas canciones) del gran Toldrà y en colaboración nada menos que con uno de los poetas catalanes de mayor prestigio (y además en el exilio), Carner. El libreto es sencillo y seguramente no estará entre sus obras maestras, pero demuestra un dominio de los niveles de lengua y de los modismos en 1927 sencillamente deslumbrante. Lo que lo hace fantástico es la encantadora, sutil, levemente irónica mirada del músico, siempre tan ‘humanista’ y de buen talante. No hay un personaje malo, siniestro, torpe, ignorante. Y si lo son es más por apariencia que por realidad.
El…
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