Quince
meses sin ópera en Londres, una metrópolis hoy extenuada por la xenofobia Brexit
y la paranoia COVID. Hasta que finalmente, … ¡se despertó la Royal Opera House!,
luego de aquella última función del 13 de marzo del 2020, un Fidelio. Se despertó
con una Clemenza di Tito que no hubiera
entusiasmado a nadie a viajar para sufrir las proverbiales humillaciones que la
llamada Boarder Force (“Fuerza de fronteras”)
del Reino Unido impone a los extranjeros desde hace mucho tiempo, y que ahora
se extiende a los ciudadanos de la Unión Europea. Y sin embargo, esta Clemenza de barrio justificaría de por
sí un viaje. Porque también en esta ocasión Mozart hizo una de sus travesuras
favoritas, esa de disfrazarse de mediocre a través de grandes elencos,
orquestas y directores para lucirse con una genialidad insospechada cuando se
le ofrece una…
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