Me parece excelente idea que el Liceu incluya en su temporada al final, aunque con dos representaciones y en forma de concierto o semiescénica ( pero jugando creativamente con sillas y gramófonos que bastan y sobran para marcar la acción y los personajes, bravo para Unsworth), uno de los grandes musicales de la historia del género (anteriormente había hecho Los miserables en otra temporada, pero no pude asistir).
Por supuesto con cantantes con micrófonos y ninguno - que yo sepa- de trayectoria en el canto lírico, pero con la orquesta y coro del teatro dirigidos por un especialista. Casado Trigo (para no crear ambigüedades indeseadas con el primer apellido para el hipotético lector español) tiene buen gesto y ‘swing’, pero la orquesta, que cumplió bien, sonó demasiado académica y ‘anémica’ sin ese empuje y vitalidad que toda la partitura,…
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