Un viejo amigo con muchos años de experiencia como gerente de orquestas y auditorios me explicó que la elaboración de un programa musical y de un menú son cuestiones muy semejantes, pues se trata de conseguir lo mejores resultados mediante una sabia combinación de las variables elementales. En el caso de la música, el repertorio, los intérpretes, el auditorio, el público y la oportunidad.
En esta ocasión, el Rheingau Musik Festival y el venerable Kurhaus de Wiesbaden, un edificio de 1907 nacido como casino y centro social de una ciudad balneario, condicionaron un programa tradicional y popular sin que ello implicara renunciar a la búsqueda de nuevas palatalidades de ingredientes tan convencionales como el Concierto para violín de Mendelssohn y las Danzas eslavas de Dvořák.
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