Alemania

No hay dos sin tres, o elogio del ritual

Maruxa Baliñas
viernes, 6 de agosto de 2021
Elisabeth Leonskaja © 2020 by Sven Lorenz Elisabeth Leonskaja © 2020 by Sven Lorenz
Geisenheim (Hesse), jueves, 22 de julio de 2021. Schloss Johannisberg, Fürst von Metternich Konzert-Kubus. Elisabeth Leonskaja, piano. Ludwig van Beethoven, Sonata para piano nº 30 en mi mayor op 109; Sonata para piano nº 31 en la bemol mayor op 110; Sonata para piano nº 32 en do menor op 111. Rheingau Musik Festival 2021
0,0002526

Había escuchado a Leonskaja tocando este mismo programa en Ferrol (Galicia) hace unas diez semanas, y sin embargo no dudé un momento en volver a repetir en cuanto tuve ocasión. Y si he titulado así esta crítica es porque espero escucharla nuevamente, aún no sé cuándo ni dónde. Sólo puedo decirles que -por lo menos para mí- la experiencia es muy profunda y la repetición no resulta 'repetitiva', sino que permite profundizar aún más, asentar lo ya oído y descubrir nuevos matices. 

Un disco no es lo mismo, porque suena siempre igual, cambia uno mismo, pero no la interpretación. En cambio en el directo, Leonskaja toca distinto cada vez. No radicalmente distinto, su visión de Beethoven es la misma lógicamente, pero la combinación de intérprete, sala, público y uno mismo cambia la experiencia, sutilmente pero con nitidez. 

Pieza enlazada

Y no creo que esto sea siempre así, a menudo cuando estoy buscando una grabación para ilustrar una reseña que he escrito escucho a los mismos intérpretes tocando la misma obra -aunque en otro sitio y momento- y me digo a mí misma: "sí, esto es exactamente lo que yo oí. Los lectores oirán lo mismo". 

Sin embargo Leonskaja plantea este programa de concierto de las últimas Sonatas para piano de Beethoven como un ritual o sacramento. Cualquiera de los dos términos puede ser aplicable, y supongo que depende de las creencias de cada uno identificarse mejor con uno u otro término. 

Leonardo Boff definía el sacramento como aquello que nos permite contemplar 

una cosa desde dentro, [cuando] no me concentro en ella, sino en el valor y en el sentido que ella asume para mí. Deja de ser cosa para transformarse en un símbolo y en una señal que me e-voca, pro-voca y con-voca hacia situaciones, reminiscencias y hacia el sentido que ella encarna y expresa. Sacramento significa, justamente, esa realidad del mundo que, sin dejar el mundo, habla de otro mundo, el mundo humano de las vivencias profundas, de los valores incuestionables y del sentido plenificador de la vida. 

Pedro Gómez García, del Departamento de Filosofía de la Universidad de Granada, define el ritual como la 

acción simbólica [que] concentra en una abreviatura de tiempo («sagrado») la estructura y el proceso del tiempo social ordinario, e incluso de las posibilidades latentes. Por eso, la participación en el ritual hace vivir un tiempo más intenso, que moldea los espíritus de los participantes, promueve su educación emocional, abre paso a la colonización del inconsciente individual por parte de entidades noológicas procedentes de los antepasados o de contemporáneos prestigiosos y poderosos.

No es habitual que un concierto pueda ser definido así, como un ritual o como un sacramento de vida, y sin embargo esas son las dos palabras que me evoca el recuerdo de esta experiencia. Leonskaja, a sus 75 años, toca las sonatas para piano que compuso Beethoven a partir de sus 50 años. Dos personas en la tercera edad, que ya se enfrentan con seriedad a una nueva etapa de su vida y lo hacen mediante la música, su lenguaje. 

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.