La regie de Michael
Sturminger para la producción de Tosca
estrenada este año en el Festival de Salzburgo comienza con una balacera en un
garaje subterráneo de la Roma contemporánea. Después de matar a sus
perseguidores, Angelotti sube la escalera de caracol que lleva a la iglesia y
el suelo baja para descubrirnos una nave tradicional, donde el pintor
Cavaradossi decora una estatua de la Magdalena en lugar de ensayar un fresco.
Al costado izquierdo hay un púlpito desde el cual, en otro golpe escénico,
Scarpia, predica su cínica ofuscación inicial “con grande autorità” según lo
piden los libretistas: “Un tal baccano in Chiesa! Bel rispeto!”
La otra gran
sorpresa es que Scarpia no muere, porque una puñalada no ha sido suficiente:
Tosca se retira después de beberse despectivamente el vaso de vino que le había
servido su víctima, y los…
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