Hay una gran coherencia entre el Schubert que Mitsuko Uchida concibe y el que relata en el teclado, construyendo no tanto una versión de las obras de Schubert como una visión de las mismas, una visión a la que no se si cuadra el adjetivo magistral. Diría que sí. Su técnica y su pericia interpretativa ofrecen un Schubert exquisito, elástico y limpio, de gran consistencia y al mismo tiempo de gran fragilidad. Uchida es también una pianista firme, aproada y segura, pero tiñe ese poder de una expresión amable (¿humilde?) y respetuosa, haciendo de su pianismo una invitación a que el público, al que respeta y al que pide una escucha activa, pueda reinterpretar la música al escucharla. Piano, compositor, pianista y público pertenecen a una misma esfera, a un mismo espacio; se desenvuelven en una cápsula efímera, en cuyo interior el tiempo…
Comentarios