Del gran director se puede decir que como los buenos vinos mejor cuanto más envejece. Se lo ve siempre alerta, feliz, de golpe deja de utilizar sus manos para escuchar a un grupo de instrumentos a un cantante, de golpe las vuelve a usar para dirigir a todo el conjunto, a un solista (instrumental o vocal). Incansable, aunque ante los aplausos que a lo mejor como buen inglés considera un pelín exagerados mira su reloj y da por terminada la función.
Christie, más joven que nunca aunque la mayor parte de sus instrumentistas también peinen canas (más que ‘fleurissants’ deberían poner ‘fleuries’) pero se aplican con invariable entusiasmo. Y, por contraste, la elección de intérpretes jóvenes que pueden tener o no una gran carrera, pero que todos están preparadísimos y, evidentemente, adoran a su maestro, además de tener una noción de trabajo en…
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