Por fin el teatro lleno a rebosar. ¡Ya era hora! ¿La receta? Un buen Rossini súper experimentado, El barbero de Sevilla, una producciòn que no tiene igual -la del genial Jean-Pierre Ponnelle- redibujada con mucho acierto por Lorenza Cantini y un reparto que ha puesto el público -era una fuera de abono, todo hay que decirlo- al rojo vivo.Empezando por el Conde de Almaviva del tenor peruano Juan Diego Flórez que, hoy en día, no tiene rivales en este repertorio. Que cante divinamente, con elegancia, sutileza, dominio de los fiati y con una facilidad pasmosa en el extremo agudo -unos sonidos timbrados, puntiaugudos y penetrantes que, a despecho de un volumen no especialmente amplio, pasan sobre orquesta y demás voces como el foco de una luz láser- que sea la sublimación en el sentido musical de lo que fue, y mucho que fue, su maestro y…
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