Edward Gardner, el talentoso
director de orquesta británico titular de la Orquesta Filarmónica de Bergen y ahora
también de la Filarmónica de Londres, se presentó con esta última orquesta en una antológica versión de El Castillo
de Barba Azul. Ildikó Komlósi, la formidable soprano dramática húngara, de
voz penetrante como el acero, demostró como la dicción de su lengua materna se
incorpora a esta partitura como un instrumento mas, solista y a la vez
firmemente integrado a las texturas orquestales. En cuestión de dinámicas, la
suya es una voz enorme, capaz de traspasar el tutti de la orquesta sin problemas en esa gloriosa exclamación que
acompaña la apertura de la quinta puerta. Pero su mejor contribución fue la de
esos parlando llenos de ansiedad y protesta y sus miradas premonitorias que
parecieron acumular la energía de la obra de…
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