Parece ser que, coincidiendo con el horario del concierto, había uno o más partidos de fútbol trascendentales a efectos de no sé qué copa, recopa o recopichuela. O que muchos padres de alumnos de enseñanza primaria estaban “testeando” a sus hijos mientras en las escuelas los directores hacen sudokus para confinar aulas y cubrir bajas. O que a los estudiantes de piano de Santiago y comarca no les llama la atención que venga una solista de renombre a tocar una pieza que no conocen. O, por fin, que al público habitual de la Real Filharmonía no le apetecía salir en esta noche fría a escuchar un programa sin gancho. El caso es que la sala Brage del Auditorio de Galicia presentaba hoy un aspecto desolador: algo más de la mitad del aforo, a ojo de buen cubero.
Leo en el programa de mano que la californiana Gabriela Lena Frank (Berkeley, 1972)…
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