Las desgracias son oportunidades con muy mal carácter. Cuando se incendió el Liceo, imaginé que se presentaba la ocasión propicia para crear, acariciada por el Mediterráneo, una gran isla de la lírica al final de la Rambla del Mar.Y sobre los escombros del viejo teatro, una escuela internacional de canto para que la breve poesía apócrifa "en las cenizas de tantas cabaletas perdidas germinará la semilla de una futura generación de cantantes" adquiriera la consistencia del cemento. Mi ingenuidad me abocó al olvido de que en Cataluña la memoria se cotiza a un precio más alto que la creatividad. De esta guisa, antes que se secaran las lágrimas de una legendaria soprano con residencia fiscal en Andorra, se creó en el país un clima generalizado de consenso para, a partir de una muestra de su ADN original, reconstruir el Liceo en su misma…
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