Volvió la conocida e hiperclásica producción de Deflo,
muy vistosa y del agrado del público, y también del mío aunque reconozco que es
puro decorado, pero lo que se hace pesado es el cambio de escenas en el último
acto y los dos intervalos (necesarios, pero no tan largos). Los cantantes
quedan librados a sí mismos. Agréguese que ha habido algunos cambios de
importancia (inevitables en la situación actual) y que en mi caso algún
elemento de un reparto pasó a otro, así que lo importante es que se haya podido
respetar el calendario.
Aunque los pisos superiores no parecían muy
concurridos, hubo bastante buena asistencia para una ópera que si bien es
reconocida como una de las obras maestras del género no tiene el ‘gancho’ de
otros títulos (no es, lamentablemente, el repertorio ruso y en general eslavo
una prioridad del público del Liceo ni de…
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