El catalán creo que
se entiende. Fue la reacción espontánea de un espectador entre los
bises del gran tenor polaco al final de un concierto que tildar de
apoteósico es poco. No sé si hay alguien ‘mejor del mundo’ en
canto lírico o lo que sea, y sé muy bien que frente a
simplificaciones o exageraciones como esta se elevan las inevitables
voces disidentes, y probablemente está muy bien que así sea. Si lo
he utilizado como título es porque sí daba el termómetro de la
sala del Liceu (con un nivel de asistencia poco frecuente en esos
recitales, y más si son con piano) desde el vamos.
Y justo es
reconocer que Beczala se ha ganado a pulso el aplauso que lo recibió,
los que siguieron y los absolutamente apasionados del final. Esta
historia de amor que esperemos que dure (está menos sujeta que las
otras a decepciones o cansancios) proviene de un…
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