Italia

XXVIII Festival della Valle d’Itria (1): Una de cal y otra... también

Raúl González Arévalo

jueves, 22 de agosto de 2002
Martina Franca, sábado, 20 de julio de 2002. Palazzo Ducale de Martina Franca. Giovanni Paisiello: Le Due Contesse. Intermezzi per musica a cinque voci (1776). Libreto : Giuseppe Petrosellini. Marco Gandini, Dirección Escénica. Italo Grassi, Escenografía. Elena Cicorella, Vestuario. Stefania Donzelli (La contessina di Bel Core), Daniele Zanfardino (Il Cavalier della Piuma), Salvatore Cordella (Leandro), Anna Lucia Alessio (Livietta), Gabriele Spina (Prospero), Ciro Cascina (La zia della Contessina). Giovanni Paisiello: Il Duello Comico. Commedia per musica in un atto (1774). Libreto: Giovanni Battista Lorenzi. Marco Gandini, Dirección Escénica. Italo Grassi, Escenografía. Elena Cicorella, Vestuario. Stefania Donzelli (Bettina), Daniele Zanfardino (Leandro Necci), Domenico Colaianni (Don Policronio), Gabriele Spina (Topo), Anna Lucia Alessio (Clarice), Gianfranco Cappellutti (Don Simone Tacco), Antonella Rondinone (Fortunata), Roberta Zaccaria (Violetta). Orchestra Internazionale d’Italia. Dirección: Giuliano Carella. Aforo: 94%.
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Los enredos románticos y las comedias de equívocos, si están hábilmente desarrolladas –e interpretadas-, hacen siempre las delicias del público. Es por ello que la inauguración del XXVIII Festival della Valle d’Itria con dos comedias de Giovanni Paisiello, ilustre exponente del género cómico y maestro de la escuela napolitana, prometía. El riesgo estaba en que eran dos comedias, dos. Y ya sabemos que las comparaciones son siempre odiosas.Otro riesgo que debe ser siempre bien calculado en toda sesión doble es la duración de las piezas escogidas. Las dos horas de Le Due Contesse y la hora de Il Duello Comico constituían un desequilibrio que se resolvió representándolas en el orden citado y con una pausa única de veinte minutos, pese a que la primera obra constaba de dos partes. La sesión resultó algo desigual pues, pero debido, sobre todo, a la mayor brillantez de la primera de las piezas. Quizá una inversión en el orden hubiera resultado más acertada.La clave del éxito fue un reparto que tendía a la homogeneidad, en el que destacaban unas interpretaciones frescas y vivaces que hacían muy dinámica la representación, pese a la estructura de la obra, constituida principalmente a base de arias, con algunos dúos y tres sorprendentes quintetos para los finale primo y secondo y el inicio de la segunda parte, sorprendentes por la larga duración, la calidad de la música y la adecuación dramática.Pese a lo dicho, las personalidades y cualidades –o carencias en su caso- de los intérpretes fueron patentes. Destacó en primer lugar la soprano Stefania Donzelli –‘Bettina, contressina di Bel Core’- por su mejor material vocal, la belleza de su pequeña voz y la fluidez de la coloratura. Se notaba que su carrera discurre ya a un nivel superior al de los demás cantantes –la experiencia es siempre un grado. Fue justamente las más aplaudida junto con el barítono Gabriele Spina, ‘Prospero’, voz clara, con buen fraseo, que compuso el personaje más convincente a base de una naturalidad apabullante.La soprano Anna Lucia Alessio, ‘Livietta’, no posee una voz especialmente bella. Pese a que su personaje, por la estructura de la ópera, se prestaba a un “duello” entre “prime donne”, no hubo –ni podía haber- competición alguna, pues se centró –inteligentemente- en su personaje, mostrándose convincente y divertida. A un paralelismo igualmente claro se prestaban los personajes de los dos tenores, Daniele Zanfardino y Salvatore Cordella, ‘Il Cavalier della Piuma’ y ‘Leandro’ respectivamente. El primero constituyó el punto débil del reparto, inseguro a lo largo de toda la función, pese a momentos más solventes. Cordella estuvo más desahogado. Importantísimo por su divertidísima interpretación, el personaje mudo, travestido, de la ‘zia della contessina’ con un Ciro Cascina que se refería constantemente al mundo de las drag queen.Il Duello Comico resultó menos brillante debido al menor ingenio del libreto, aunque no se pude descartar el cansancio de algunos intérpretes –Donzelli, Alessio, Zanfardini y Spina- que hacían doblete. Nuevos en escena eran Domenico Colaianni, que supo parodiar brillantemente a nuestros vecinos gabachos en su composición del afrancesado ‘Don Policronio’ y el ‘Don Simone Tacco’ de Gianfranco Cappelluti, que exhibió una voz enorme. Antonella Rondinone y Roberta Zaccaria se hicieron notar en sus personajes secundarios: ambas prometen.Muchos de ellos han sido o son alumnos de la Accademia Paolo Grassi de Martina Franca, lo que a la postre fue evidente. Por otra parte, una pieza como Il Duello Comico es perfecta para estos jóvenes cantantes, aunque no podemos dejar de preguntarnos cuál habría sido el resultado –y la valoración por tanto, es inevitable- con cantantes de trayectoria más extensa, pese a que iniciativas como ésta son loables y deseables. Pero con la posterior representación de Robert Bruce y Les Huguenots fue más que evidente que con los Paisiellos el festival no había hecho más que calentar motores.La Orchestra Internazionale d’Italia es de joven formación y superó sin mayores problemas la simple orquestación de Paisiello, luciéndose especialmente en las dos oberturas, de impecable factura e indudable influencia mozartiana, que abrían cada una de las óperas. Respondió en todo momento a las indicaciones del maestro Carella, que supo dirigir de forma chispeante. Era evidente que disfrutaba con la música y ello no pudo por menos de dejarse sentir en el resultado final.¿Qué decir de la puesta en escena? Pues que estuvo en sintonía con el espíritu general de esta primera función del festival: sin pretensiones. El vestuario costumbrista resultó funcional y práctico. Pero el movimiento escénico se vio peligrosamente limitado por el decorado –apenas variado de una escena a otra, de una ópera a otra, salvo por unos pocos elementos-, consistente en un muro descendente e inclinado que reducía en más de la mitad la capacidad del escenario, lo que no impidió que, con ingenio, se resolvieran situaciones hasta el punto de arrancar incluso carcajadas de un público eminentemente joven, que pareció más satisfecho del resultado que algunos de los críticos presentes, a juzgar por los comentarios que se pudieron escuchar al final de la función. Lo confieso: yo fui de los de las carcajadas.

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