Lo que más choca en la actual, económicamente desastrosa, realidad bonariense es el afán que la gente tiene en sacar todo el jugo posible a la vida, ya sea emocionalmente puesto que no hay crisis que pueda alterar el espíritu latino, vivaz, cariñoso y alegre de los porteños, ya sea con una actividad frenética en todos los sectores donde el factor humano, más que el monetario, es determinante. Una hipercinesis que, en lo que se refiere al mundo de la música lírica, es una autentica fiebre del oro. Nunca, como en esta época ha habido una tan rica y brillante oferta de espectáculos, muy heterogéneos, pero en su mayor parte de altísimo nivel ejecutivo, en una ciudad tan inmensa y tentacular con más de 11 millones de habitantes. Una oferta generosa y a precios populares hasta para la aniquilada potencialidad adquisitiva del peso argentino…
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