No me voy a entretener discutiendo la calidad artística del evento, porque como en casi todos los conciertos dedicados a los llamados clásicos populares fue, por desgracia, muy mediocre: un repertorio de relumbrón pero sin pies ni cabeza, pocos ensayos, menos esfuerzo y mucha tontería pija en busca del aplauso fácil. No me voy a detener en ello pero podría mentar los mil y un errores en el preludio al segundo acto de El Caserío, el tedio inherente a la batuta, el caótico sentido rítmico del tenor o el deficiente sonido de la orquesta, sólo por nombrar cuatro cosas.La reflexión se centra en el porqué de este homenaje de la Quincena a Clásicos Populares, ese horrible programa de Radio Nacional que tarde tras tarde durante veinticinco años ha perseverado en ofrecer una imagen snob y ridícula de la música clásica, creando incontables…
Comentarios