Francia

Minimalista pero tradicional

Agustín Blanco Bazán
lunes, 23 de mayo de 2022
Bobée, Fidelio © 2022 by Vincent Pontet Bobée, Fidelio © 2022 by Vincent Pontet
París, lunes, 16 de mayo de 2022. La Seine Musicale. Fidelio, ópera en dos actos con libreto de Joseph Sonnleithner y música de Ludwig van Beethoven. Regie y escenografía: David Bobée. Stanislas de Barbeyrac (Florestan), Sinéad Campbell-Wallace (Leonore) Christian Immler (Rocco), Sebastian Holecek (Don Pizarro) Anas Séguin (Don Fernando), Hélène Carpentier (Marzelline), Patrick Grahl (Jacquino), Insula orchestra bajo la dirección de Laurence Equilbey.
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Durante los últimos años la directora de orquesta Laurence Equilbey (Francia, 1962) ha grabado CDs y recorrido varias ciudades europeas con Insula, la orquesta de instrumentos de período por ella fundada en 2012 y dedicada fundamentalmente a composiciones que abarcan desde el barroco tardío hasta el romanticismo (por ahora no más allá de, digamos, Schumann). Pero es en Seguin, una isla del Sena al oeste de París, que esta agrupación tiene su casa, más precisamente en La Seine Musicale, un modernísimo centro cultural con un auditorio de 1150 localidades, que la orquesta y su directora viven como residentes. 

Allí no sólo dan conciertos en formato tradicional, sino que experimentan con los llamados “grandes proyectos escénicos” que integran música, iluminación, vídeos, ballet y puestas teatrales en verdaderas sinergias de representación visual. Es así que por el auditorio han pasado producciones escénicas de La creación (Haydn), Thamos rey de Egipto y el Requiem (Mozart), Egmont y una Pastoral “por el planeta” (Beethoven), La nuit des rois, un thriller escénico con música de las ultimas baladas de Schumann y Der Freischutz (Weber). 

“Los conciertos escénicos son una parte de nuestro ADN” se lee en el folleto auto-descriptivo de la orquesta, y para Equilbey esta es una noción clave: se trata de visualizar su concepto de acuerdo al cual la orquesta ocupa un lugar clave en el progreso de la sensación inicial que produce una obra musical a una emoción más intensa cuanto más visualizable. Sobre todo en el caso de las audiencias jóvenes que tanto la orquesta Insula como la administración de la Seine Musicale aspiran a atraer como razón fundamental de sus actividades.

Mi visita tuvo lugar con motivo de un Fidelio en puesta minimalista pero de formato tradicional, con la orquesta en un foso frente al enorme espacio escénico que el regisseur David Bobée limitó a los costados con numerosos bloques de cemento junto a los cuales miembros del coro y solistas se agazapan ocasionalmente, como si trataran de encontrar una salida al gran encierro de esta prisión que recién al final de la obra terminará abriendo sus puertas. Al centro de la escena, los personajes principales actúan sobre y alrededor de un enorme bloque de hormigón con una apertura al centro cerrada con puertas metálicas que sólo se abrirán para permitir emerger un exhausto Florestan en el segundo acto. Al fondo, un enorme enrejado separa de un cielo azul a prisioneros que como sombras lo remontan durante su célebre coro. 

Beethoven: Fidelio. Directora musical, Laurence Equilbey. Puesta en escena: David Bobée. París, La Seine Musicale, mayo de 2022. © 2022 by Vincent Pontet / Insula orchestra.Beethoven: Fidelio. Directora musical, Laurence Equilbey. Puesta en escena: David Bobée. París, La Seine Musicale, mayo de 2022. © 2022 by Vincent Pontet / Insula orchestra.

Los vestuarios son grises, y tan intemporales como suelen serlo los harapos de los condenados y los uniformes de los represores. La regie de personas es intensa y sobria, y con un detalle revelador de los extremos a que está dispuesta Leonora para liberar a su marido: disfrazada como Fidelio, la esposa no duda en ganarse la confianza de Marzellina dándole a esta última un apasionado beso de boca.

A diferencia de otras obras del período romántico temprano, Fidelio es una ópera que no ha sido explorada a menudo con instrumentos de período y por supuesto que una de las razones es la dificultad de los pasajes de trompa. Pero Equilbey sabe cómo integrarlos a un fraseo de novedosa expresividad. Ya en Der Freischutz, me informa la directora, las limitaciones sonoras de las trompas de período fue compensada con la frescura de una proyección verdaderamente “de caza.” La expresión de las trompas tiene en Fidelio un sentido diferente, desde la melodía que Beethoven les da en la obertura hasta la difícil stretta al final de “Abscheulicher” la gran aria de Leonore. ¡Pero qué diafanidad la de estos fragmentos, enraizado el primero en la juguetona línea musical y el segundo en estrecha asociación con el agitado fraseo de la cantante solista! 

En otro momento clave, el excelente coro Accentus, que este año celebra sus treinta años de existencia, cantó un coro de prisioneros que Equilbey instruyó como un conmovedor andantino: espontáneo en su cantábile y diáfano en la percepción de esa libertad que los condenados sienten en el aire y la luz. Como aire y luz puede definirse este Fidelio, inesperadamente liberado de la nebulosa pesadez post wagneriana de muchas versiones de la segunda mitad del siglo XX. Sin frondosidad estereotipada de instrumentos “modernos”, las cuerdas, los vientos y la percusión de los de período logran integrarse a las frases cantadas con una sensación de inmediatez, como una voz más, y la paleta de colores se explaya con contornos vivos y precisos. 

Beethoven: Fidelio. Directora musical, Laurence Equilbey. Puesta en escena: David Bobée. París, La Seine Musicale, mayo de 2022. © 2022 by Vincent Pontet / Insula orchestra.Beethoven: Fidelio. Directora musical, Laurence Equilbey. Puesta en escena: David Bobée. París, La Seine Musicale, mayo de 2022. © 2022 by Vincent Pontet / Insula orchestra.

Con esta interpretación Equilbey demuestra que Beethoven está más cerca de Mozart que de Wagner en materia de ritmo, color y diferenciación de texturas. Un ejemplo fue la introducción y el acompañamiento al monólogo de Florestan, apoyado en una orquestación incisiva y clara que permitió a Stanislas de Barbeyrac debutar en este rol explayando un magnífico timbre de Heldentenor impostando el pasaje al agudo con calidez y segura impostación de garganta. A él se unió Snéad Campbell-Wallace, una Leonore de robusto timbre lírico dramático en un dúo que con la ayuda de dinámicas precisas y diferenciados acordes de cuerdas progresó con una exaltación clara y de sanguínea expresividad. 

En ningún momento parecieron los cantantes confrontarse con una llamada “masa” orquestal, sino que más bien fueron apoyados por comentarios instrumentales de precisión camerística. Los ecos de Mozart fueron más perceptibles que nunca en el aria de Rocco, que Christian Immler interpretó con un marcado agil y vivaz, y Hélène Charpentier (Marzellina) logró frasear su aria con un timbre brillante y un fraseo de acabada claridad. Sebastian Holecek logró un espontáneo aplauso gracias al balance de mordente y legato y su poderosa fuerza de proyección en “Ha welch ein Augenblick” y similarmente convincentes estuvieron Patrick Grahl como Jacquino y Anas Séguin en el ingrato papel de Don Fernando.

La función se desarrolló a lo largo de dos horas y quince minutos sin intervalo y con una audiencia notablemente más joven que las que suelen presentarse en las casas de ópera tradicionales. Y los aplausos fueron entusiastas como no podía ser menos frente a esta redonda demostración de brillantez, exactitud de ataque musical y escénico y sensibilidad artística. 

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