“Me pregunto porqué es mucho más fácil para mí amar a mi propio sexo que al
tuyo” escribió una vez Ethel Smyth
(1858-1944) a Henry Brewster, su ocasional amante y libretista de The Wreckers, una de las óperas
compuestas por esta apasionada sufragista que una vez hasta llegó a estar en
prisión por haber quebrado los vidrios de la casa de un político importante
durante una manifestación pro-mujer. Sir Thomas Beecham, que fue a visitarla a
la cárcel, la encontró aferrada a las rejas de su celda dirigiendo con un
cepillo de dientes su Marcha de las mujeres al grupo de activistas que la
vivaba desde la calle.
Similar exaltación le provocó aquel viaje a Cornwall en
que descubrió que en algunas aldeas de pescadores extenuados por el hambre y la
pobreza existía la costumbre de apagar los faros costeros para hacer naufragar
buques y quedarse con…
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