Todos los años ocurre lo mismo con el concierto que protagoniza la Sinfónica de Euskadi dentro de la programación de la Quincena Musical: porque es la orquesta de casa, porque se la puede escuchar el resto del año o vayan ustedes a saber por qué razón nunca consigue levantar la expectación suficiente para colgar el cartel de completo.Esto demuestra el poco criterio de gran parte del público, porque precisamente su concierto de este año era, a todos los niveles, enormemente atractivo: no sólo por el programa, poco habitual pero sumamente interesante y especialmente adecuado a la tradición interpretativa de una OSE que suele obtener sus mejores resultados con obras del XX, sino también por el director en el caso de Barbazul y sobre todo, ¡sobre todo!, por los solistas, que eran de disco y no lo digo en sentido figurado, ya que menos de un…
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