A Klaus Mäkëla (Helsinki, 1996) no le gusta que le digan cosas como: “¡dirige tan bien para ser tan joven!” Y le comprendo, porque nada mas engañoso que ser publicitado por su juventud para asombrarse por su elevación a una orquesta como la Filarmónica de Oslo y hace unos días el Concertgebouw. Pero, lo siento…. ¡qué jovencito se lo veía la otra noche en el concierto del Barbican! “¡A ver cómo rinde este mozuelo!” hubiera dicho una tía mía.
En mi caso, me bastó el amplísimo y distendido arco de su brazo derecho y
la segura exploración armónica en que una orquesta confiada y asertiva se
sumergió al comienzo del adagio de la Décima de Mahler para concluir que este es
un director de notable talento. Los metales, brillantes y contenidos, balancearon a la perfección con la “calidez” instruida por el propio Mahler
para la melodía de violines y…
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