Con excepción de Glyndebourne, los festivales ingleses de
ópera-picnic son artísticamente modestos y los críticos sabemos que se trata
mas bien de reconocer el empeño de algunos cantantes jóvenes y otros sobre el
final de su carrera para entretener un público disfrazado de gala que espera
ese famoso intervalo largo (100 minutos) para merendar y hablar tonterías. Pero
este Otello fue una excepción, primeramente gracias a dos reconocidos artistas.
David Alden es un director de escena internacionalmente reconocido por su
originalidad de conceptos y la intensidad de su regie de personas. Y Simon Keenlyside es uno de los barítonos mas
destacados de la actualidad, no al final de su carrera sino en la cumbre de la
misma.
No es de extrañar que
Alden haya convertido al primer Iago de Keenlyside en el pivote de toda su
producción, visualmente…
Comentarios