Resulta desde luego encomiable y necesario que toda orquesta sinfónica que se precie frecuente, si quiera mínimamente, el repertorio operístico en sus temporadas; sobre todo si se trata de títulos de gran formato, que permitan el lucimiento de orquesta y director. En este sentido, no cabe más que aplaudir a la Orquesta Nacional de España que, desde que David Afkham asumiera la titularidad, haya presentado en sus programas de abono –más o menos a razón de un título cada dos temporadas- títulos operísticos de fuste a cargo de su titular –El Holandés Errante, Tristán e Isolda, Elektra...- con elencos de primer nivel y muy buenos resultados; aun cuando la sala grande del Auditorio Nacional sea un recinto bastante inclemente para la proyección de las voces, y puede que no el más indicado para presentar ópera.
Tocó el turno en esta ocasión a la…
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