No, no es que hubiera abandonado yo toda esperanza, tras los dos espectáculos, Salome e Idomeneo a los que había ya asistido en el presente Festival d’Aix-en-Provence, pero reconozco que en un estreno absoluto como el de ayer no esperaba yo encontrar el arrebato que me había faltado los días anteriores. Pero como el destino es un bellaco, el flechazo se produjo, y la obra de Pascal Dusapin me fascinó como espero siempre que me fascine una representación operística.
No soy ningún experto en la trayectoria de Dusapin, pero repasando los que fueron sus maestros, Messiaen, Xenakis y Donatoni, es fácil rastrear sus huellas en Il viaggio, Dante. De Messiaen se pudo apreciar el gusto por la sensación de atemporalidad en la música, con pasajes que parecían suspendidos fuera del tiempo, así, como una vocalidad de un enorme lirismo. De Xenakis, el…
Comentarios