En medio del preludio de Cavalleria se abre el telón para mostrarnos un Turiddu muerto y ensangrentado frente a la panadería de Lucia, su mamá. Enseguida aparece ésta con gestos de dolor grandilocuente y baña el cadáver con un llanto lo suficientemente fuerte para arruinar la audición del resto del preludio. El primer interrogante sin respuesta es cómo un director de orquesta puede permitir la intrusión de esta imbecilidad en la partitura.
Pero hay muchos mas problemas de regie provocados por uno de esos fallidos intentos de juntar las dos óperas en un mismo pueblo, como si Sicilia y la Calabria fueran lo mismo. La primera puerilidad es la colocación de posters anunciando I Pagliacci, al lado de la panadería. Con ello sólo se logra destruir algo importante teatralmente hablando, a saber, una expectativa o premonición a confirmar durante…
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