Si les pregunto por una película de terror,
según sus gustos serán ustedes capaces de citarme una, varias o cientos. ¿Y si
les pregunto por óperas de terror? Tal vez se rían ustedes de mí. Y sin
embargo, haberlas haylas, y algunas muy conocidas. Cierto, en la época de
esplendor operístico (digamos de 1700 a 1920) no se estilaba exactamente el
gore, con vísceras y eso, pero muchas óperas, al igual que las actuales
películas de terror, buscaban crear en el espectador un sentimiento de miedo,
de pavor incluso, recurriendo a elementos fantásticos.
Sin ir más lejos, la escena final del Don
Giovanni de Mozart debía de resultar bastante terrorífica para el público de la
época, y se nota en la partitura. Y no digamos clásicos como El cazador
furtivo, con su tremenda escena de la fundición de las balas, o El vampiro de
Marschner, o La monja…
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