La única relativa deficiencia de esta excelente Katia Kabanova fue la inmensidad de la Felsenreitschule, una escena construida contra la roca y las
atractivas arcadas en ellas cavadas por monjes de la Edad Media, que también
fue utilizada como escuela de equitación. Barrie Kosky confesó que la sólida
pared de comparsas al fondo y de espaldas al público no sólo era un símbolo de
la represión e hipocresía de la obtusa comunidad a orillas del Volga que ahoga
en este río a la protagonista, sino también una forma de ocupar espacio.
¿Por qué el Festival no adjudicó para esta producción a la Haus für Mozart, un escenario
tradicional y más íntimo para escenas donde la intimidad es clave? Después de
todo, la Haus für Mozart sirvió hace
algunos años para encorsetar exitosamente a Wozzeck,
una obra que como la de Janáček pide focalizar estados…
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