Ante la escucha de obras como estas, la primera pregunta que surge es ¿qué valores debe tener una música actual? Y la respuesta es sumamente confusa, sobre todo porque implica una definición muy directa del oyente. Durante décadas, en los años de la posguerra de la II Guerra Mundial, el asunto estaba muy claro. Al público no le gustaba esa música y en mucho casos la rechazaba, pero eso no era un problema para los fervientes seguidores de Adorno, bastantes de los cuales aún siguen en activo, ahora convertidos en agresivos partisanos militantes dispuestos a dinamitar cualquier puente destinado a reconciliar público e intépretes con la creación musical de nuestros días. Los 'adornianos' siguen manteniendo que el público ha de adaptarse a las vanguardias, y que el avance y la originalidad son los valores supremos de la música, junto a esa…
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