Que el volumen de la orquesta y el volumen de
los solistas vayan a la par -con ligera preminencia de la voz, si es posible-
es una de las obsesiones de quien esto escribe. No son pocas las veces en que
un director de orquesta revienta la función cubriendo a los pobres
cantantes, ¿verdad ?
El problema es más complejo de lo que parece.
Puede tratarse en efecto de un director inmisericorde, o de una orquesta
desmesurada cuyos maestros son rebecos y poco amantes de las voces, y no le
hacen caso al director ni a nadie. Y los instrumentos actuales, tanto en viento
como en cuerda, suelen ser más eficaces y de mayor volumen que los que usaron
nuestros antepasados. Y a continuación está también la sala, claro. Una sala grande es
más difícil de llenar, acústicamente hablando, que una pequeña... Y luego, por
supuesto, las voces no son todas iguales,…
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