Después de iniciar su gira en Madrid, la Concertgebow
aterrizó a repetir sus conciertos en un Londres sombrío por un tiempo
inclemente y peores noticias. El día del primero de ellos, el gobierno había
anunciado cortes de subvenciones a lo que para sus burócratas no tiene
importancia alguna: la música clásica. Entre los afectados se encuentra la
orquesta residente del Barbican, la Sinfónica de Londres, con un 13% menos. Con
este trasfondo, la irrupción de la orquesta holandesa en la misma sala fue un
baño de luminosidad por la excelencia de su oficio y del director elegido.
En el Concierto para violín de Brahms, la Concertgebow
comenzó acompañando a un Leonidas Kavakos virtuoso pero algo alambicado en el 'Allegro non troppo'. La espontaneidad del
acompañamiento orquestal seguramente le ayudó a equiparar el nivel de aquel
durante un…
Comentarios
Muy buena reseña, y no sólo por la parte estrictamente descriptivo-interpretativa de los conciertos o por la anécdota de Bernstein y su Mahler 'sonriente' (¡difícil habrá sido!). Es obvio que en un país con los problemas aumentados por el dichoso Brexit (que incluso ha hecho cambiar a artistas de nacionalidad) los mismos no pueden quedar a la puerta de una sala de concierto aunque los alivie. Y ahora uno de los bastiones de la música clásica corre el riesgo de dejar de serlo por la soberbia, desfachatez e incultura de los ricos de turno y/o sus servidores