Brundibar es uno
de esos títulos que parecen indisociables de la Historia y sus tragedias. Ya se
sabe que, si fue escrita por Krasa en 1938, antes de que estallase la Segunda Guerra Mundial, su primera representación tuvo lugar cuando la persecución
contra los judíos era ya un hecho en la Checoslovaquia invadida por los Nazis,
y que, con 55 representaciones, esta ópera fue el gran éxito del campo de
concentración de Theresienstadt. O sea, que fue consuelo de muchas y grandes
desgracias...
Pero más allá de la triste historia de sus
primeras representaciones, Brundibar es una joyita, bien valorada por
críticos y musicólogos, y a la vez accesible a todos los públicos por estar
repleta de deliciosas melodías con un irresistible perfume de época: un caso
casi único en la música de finales de los años treinta del pasado siglo.
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