Que en 1909 esos dos genios conjugados por primera vez (el otro es von Hofmannsthal, claro) se asomaran tanto al abismo en el que después caería el siglo recién nacido no deja de asombrar; es comprensible que luego se hayan retirado a zonas más seguras pero no menos intensas del ser humano y su relación con el mundo. Quizá por eso, más que por sus reales dificultades, no se ve esta ópera con la frecuencia deseable. Inaugurando su mandato como director musical de La Monnaie, Kazushi Ono demostró sabiduría y no sólo en las intenciones sino también en los logros (especialmente desde la aparición de ‘Clitemnestra’, aunque Ingrid Tobiasson, que cantó bien la parte, no es una intérprete de esas que dejan huella).La puesta de Stéphane Braunschweig, salvo algún detalle menor, fue óptima, austera, claustrofóbica, extrema y sobrecogedora con…
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