Kazushi Ono es aún más bajo que Pappano, pero si por casualidad es un requisito que los directores musicales del Teatro sean diminutos, bienvenido sea. Pappano encontró una orquesta bastante anémica en las cuerdas y nunca demasiado inspirada: le bastaron el Requiem de presentación y Un ballo in maschera para hacer que las cosas empezaran a cambiar (recuerdo mi asombro durante el transcurso de la primera representación de la ópera). Ono tiene la suerte de encontrar una orquesta impecable, y si dirige todo como estos días Strauss (Electra) y estas tres ejecuciones de la temible 2ª Sinfonía de Mahler, pues ¡Qué suerte hemos tenido!No porque haya dirigido la gigantesca partitura de memoria (menuda proeza), sino porque cree en ella (más que quien esto escribe, que le encuentra momentos altísimos y otros más bien retóricos, aunque Mahler…
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