La
nueva producción de Rusalka
del
Covent Garden fue anunciada como de particular interés ecológico.
Por ello, el lago de la protagonista en el primer acto es de un
atractivo verde natural y, ¡qué algas más divinas! Predeciblemente,
el mismo lago es una porquería en el acto final, luego de haber sido
mancillado por los humanos. Como le pasa a nuestra protagonista.
Aunque obvia, la idea no está mal. ¡Pena que la regie de personas
sea prácticamente inexistente! Solo en el segundo acto, en el palacio
del príncipe, una troupe contemporáneamente cachonda logra avivar
un poco la acción. Y hay un momento interesante: en esta obra de
acción dramática mas bien floja, el príncipe se cansa de su
sirenita que no puede hablar y pasa a fijarse en la duquesa más bien
de repente, sin que podamos saber qué es lo que le hace cambiar de
idea en unos pocos…
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