Como redención, al principio de la segunda parte del espectáculo de YÜ, sonó un móvil con la Sinfonía nº 40 de Mozart. Fue no solamente el único momento musical interesante, sino el único momento de improvisación real que disfrutamos en la Sala de la Caja de Ahorros del Mediterráneo. Todo el espectáculo ofrecido por YÜ respondió a un calculado plan que anula la posibilidad de hablar de improvisación. Pero si este ardid fuese acompañado de una representación atractiva, sería menos criticable.Casi la mitad del poco público de la sala se fue en el intermedio, harto de ver a una eficiente y flexible 'bailarina' acompañada por un grupo de rascadores. 'Tomadura de pelo', clamaban algunos. 'Soporífero', decían otros y algunos incluso aconsejaban un 'sueñecito reparador' que permitiese aguantar la segunda parte, que duró cuarenta minutos,…
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