Fátima Miranda dixit, y no le falta razón. Pero la Miranda no renuncia a la vanguardia, porque como dice Llorenç Barber la necesidad y el deseo de entrever, de auscultar y soñar el presente, que es futuro, simplemente es irrenunciable. Por lo tanto, Fátima no es una creadora en el sentido estricto de la palabra, es más bien una exploradora de los tesoros ocultos que se esconden en los recovecos de su privilegiada voz, una buscadora incansable de lo que su espíritu puede llegar a decir por medio de su cuerpo. Esto nos pone ante la evidencia de que, al tratarse de SU cuerpo y SU espíritu, SU arte es necesariamente personal e intransferible. Y, por lo tanto, presenciar uno de los concierto-performance de Fátima Miranda se convierte en una experiencia única y especial, por esa suerte de privilegio que supone para cualquiera el encontrarse…
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