La cosa
empezó con la famosa Júpiter de Mozart. La cosa empezó con
los tres forti de la orquesta, seguidos de un silencio (sí, un
verdadero silencio) antes de la respuesta amable de los violines. Ya
con eso, Spinosi estaba dando el color de toda su interpretación,
una interpretación muy teatral, asumiendo silencios, preguntas,
respuestas, diálogos entre pupitres y entre frases musicales,
diminuendi, crescendi, forti, piani, y toda clase de matices y
sorpresas que fueron trufando la partitura.
Dicho así
pudiera parecer que aquello fue un festival de efectos orquestales
sin más. Sin embargo, como decíamos, todos esos efectos
correspondían a una visión teatral, una visión con sentido, en que
la música discurría como discurre una buena conversación entre
varios amigos, con momentos de intimidad, momentos de alegría,
instantes de…
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