No resulta fácilmente comprensible que en la actualidad, con el fenomenal avance que ha experimentado la interpretación de la música barroca, se sigan grabando discos como éste. En primer lugar, porque representa una forma de contemplar este repertorio que ha sido ampliamente superada: ni los instrumentos ni los ‘tempi’ escogidos son los adecuados y eso repercute negativamente en el resultado final. En segundo lugar, porque se trata de conciertos de los que ya existe infinidad de versiones y en esta dura competencia lo más interesante que puede ofrecer al comprador es su asequible precio, que no es poco. Se trata, en suma, de un disco más encaminado hacia ese aficionado neófito que siente interés por Vivaldi y hacia esa otra música que no es la de Las Cuatro Estaciones que hacia el aficionado conocedor de la materia, al que esta…
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