Recensiones bibliográficas

Maria Callas. Die Stimme der Leidenschaft

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 31 de mayo de 2023
Maria Callas. Die Stimme der Leidenschaft © 2023 by C. H. Beck Maria Callas. Die Stimme der Leidenschaft © 2023 by C. H. Beck
0,0010845

La cantante María Callas, fue una de las grandes leyendas del siglo pasado. De impresionante talento vocal y actoral, numerosas de sus interpretaciones operísticas siguen siendo consideradas hasta hoy momentos estelares del arte lírico. Varias reediciones discográficas se han lanzado en los últimos meses y han ocupado asimismo a las emisiones de radio y televisión con su vida y su obra. En su época, la prensa sensacionalista y las revistas del corazón explotaban los numerosos escándalos que suscitaban sus dramas personales, que parecían haber sido extrapolados del escenario, para alimentar a sus lectores ávidos de chismografía

El próximo 2 de diciembre, María Callas, la Divina, la Primadonna assoluta de la ópera, habría cumplido 100 años de edad. La fecha es una excelente oportunidad, aprovechada también puntualmente por la historiadora del arte y de la cultura, la publicista y novelista Dra Eva Gesine Baur, para dedicarle una amplia biografía: Maria Callas. Die Stimme der Leidenschaft (María Callas. La voz de la pasión), publicada por la prestigiosa editorial C. H. Beck, de Múnich.

María Callas fue la mayor actriz dramática de la historia de la ópera, de técnica perfecta, intensidad resplandeciente y fuerza espectacular. Sin embargo, como ser humano Callas era un alma solitaria, siempre en la búsqueda de la felicidad, el amor y la seguridad. Esa vida podía causar vértigo a cualquiera: 56 apariciones en escena, siete papeles protagonistas, 14 conciertos, siete recitales en solitario; y todo ello hasta marzo de 1945, cuando Maria Callas tenía 21 años, cuenta Baur.

Dos almas

La biografía consta de 30 capítulos. Las etapas de su vida transcurren sin respiro. Están salpicadas de innumerables anécdotas, y sin embargo, este retrato no se deshilacha, sino que gana nitidez y perfil con cada capítulo. Con un hábil giro literario, pronto emerge la complejidad de esta mujer: la artista Callas, orgullosa y a menudo testaruda, lucha constantemente contra María, que batalla por el amor, la cercanía y la seguridad. 

La autora del libro escribe con un estilo impecable, ingenioso y muy lacónico. En el breve retrato del marido de Maria, Giovanni Battista Meneghini, escribe: Joven ya no era, bello nunca había sido, carismático tampoco. Por supuesto, aparecen todos los que tuvieron algo que ver en su vida: Aristóteles Onassis, los directores Luchino Visconti y Pier Paolo Pasolini, la columnista de chimentos Elsa Maxwell. Pero todos se integran orgánicamente, en historias que divierten, conmueven y causan consternación. El libro también disipa mitos: verbigracia, el del niño nacido en secreto o el de la enemistad con su rival Renata Tebaldi vivida con fruición. 

Lo que queda son 500 páginas de un drama vívido, trepidante y hábilmente narrado. Maria Callas hizo estallar las convenciones como artista y triunfó sobre todo en los papeles trágicos. Al hacerlo, combinaba una perfección técnica casi asombrosa con una intensidad de expresión que resultaba conmovedora. Pero las grietas y contradicciones que hizo perceptibles en sus personajes también marcaron su vida. 

Conflicto

Eva Gesine Baur describe el conflicto con su madre, su hambre de amor y reconocimiento, su ascenso marcado por una voluntad incondicional y los años de su mayor fama. Habla de los escándalos que la persiguieron y de los hombres de su vida: su matrimonio sin suerte, su desdichado amor por Onassis, su enamoramiento de Visconti y su pasión por Pasolini. El drama de su vida y su trágico arte no podían separarse. La hicieron grande, solitaria al final e inolvidable hasta el día de hoy. 

Callas fue una cantante del siglo XX cuya voz sigue apasionando hoy en día. Fue un icono mucho más allá del mundo de la música. Más radicalmente que ninguna otra diva, antes o después, Maria Callas encarnó lo que significa la ópera: pasión, pathos, pasión. La autora sigue la vida de una artista que llegó al extremo e intenta explorar qué la hizo tan única.

Talento

Como actriz, Callas tenía un talento innato. A los 17 años, cantó Tosca en el teatro al aire libre de Atenas. Y enseguida interiorizó los consejos de su inteligente director André Barsacq

Nunca muevas las manos si no puedes seguirlas con la mente y el alma. Y reacciona siempre ante tus colegas en el escenario como si escucharas sus palabras por primera vez, porque, al fin y al cabo, así es como reaccionarías en la vida real.

Más tarde, Callas se haría famosa no solo por su excepcional voz, sino también por lo que hacía con las manos en el escenario. Cómo creaba pausas; cómo guardaba silencio. Cuando Jussi Björling cantó la gran aria de Manrico en Il Trovatore en el Met de Nueva York en 1956, el director de ópera Rudolf Bing quedó fascinado no por el canto de Björling, sino por la escucha silenciosa de Callas. Él no sabía exactamente lo que cantaba, pero ella sí, recordaría Bing más tarde.  

Siempre sabía lo que interpretaba, pero como su ambición casi la consumía, porque siempre lo quería todo (y preferiblemente de inmediato), se sobrecargaba a sí misma y a su público, que percibía estos lastres como escapadas y caprichos. La autora dibuja a una mujer básicamente solitaria, una mujer impulsada en busca de la perfección, en lucha consigo misma y con todos los demás. María Callas decía:

Cuando se levanta el telón, siento el aire cargado, el sudor, el aliento de toda esa gente. No puedo verlos, pero sé que están ahí, 2500 monstruos que me persiguen. Es como si sus cabezas y sus corazones estuvieran hirviendo. Lo siento como una oleada de odio, como si desearan mi muerte.

En diciembre de 1953, con solo treinta años, apareció como Medea en La Scala, la más aterradora de todas las heroínas operísticas. Después, según el director Franco Zeffirelli, todo el mundo lo supo: 

... el mundo de la ópera había cambiado. Ahora había algo así como un nuevo cómputo del tiempo: a.C., d.C. - antes de Callas y después de Callas.

Esto solo puede entenderlo quien sepa que en la inmediata posguerra, a pesar de los grandes directores y las bellas voces, la ópera había degenerado en gran medida en un género que dejaba indiferente a la gente. Ya no era teatro musical, hacía tiempo que había dejado de ser un acontecimiento, era un programa habitual que se completaba y en el que los aplausos solo eran para una cosa: una estrella que cantaba impecablemente y colocaba sus notas altas con eficacia. María Callas pudo salvar la ópera de perecer poco a poco en la indiferencia, porque ella misma no era indiferente a nada. Ni una nota, ni una respiración, ni un gesto, ni un detalle de la puesta en escena, ni un rasgo de las mujeres que representaba.

Cuestiones

¿Cómo se puede hilar fino y explicar la aparente contradicción en la vida de Callas: por un lado, la célebre estrella de la ópera, y por otro, los últimos años en los que apenas actuó y saltó más a los titulares por su relación con el armador Aristóteles Onassis?

Eva Gesine Baur habla de un conflicto irresoluble en su interior y describe a Maria Callas como una figura desgarrada que, hasta cierto punto, unía dos caracteres dentro de sí misma: habla de Callas cuando se trata de su impulso casi maníaco y tenaz por el éxito, por ser siempre la mejor y superar a sus competidoras; y de Maria, su anhelo de felicidad personal, privada, el deseo de ser amada como ser humano.

Comprensible

Este planteamiento no es fundamentalmente nuevo, pero sí bastante comprensible. Sin embargo, relacionarlo todo con él no deja de ser problemático desde el punto de vista metodológico. Al fin y al cabo, se despliega un sinfín de detalles, ya se trate de las actuaciones de la cantante o de sus escándalos, como la leyenda sobre el hijo que dio a luz en secreto (que, afortunadamente, queda relegada de forma convincente y definitiva al terreno mitológico). Volver una y otra vez a este planteamiento básico hace que la lectura resulte a veces un poco agotadora.

El libro, ingenioso, entretenido, jamás aburrido, que permite al lector formarse su propia opinión, y que se recomienda leerlo mientras se escuchan grabaciones de Callas como música de fondo para sentir todo mejor, es comprensible sin presuponer demasiados conocimientos especializados; sirve asimismo para conocer cómo funcionaba entonces (y quizás ahora también) el mundo de la ópera. 

La autora consigue caracterizar a la cantante como la mayor síntesis de las artes en la historia de la ópera, como alguien para quien la pura "belleza" del canto no era importante, sino más bien la credibilidad de la presentación global de sus papeles en el escenario.

Novela

Este libro se clasifica claramente como biografía. Sin embargo, es de esperar que especialmente con una personalidad como Maria Callas, cuya vida también contiene mucho de novelístico, haya una clara diferenciación entre hechos reales y cotilleos; el lector quiere saber algo más en profundidad: por qué, quién dijo algo o hizo qué. En la presentación, esto se desgrana de forma bastante comprensible, pero el estilo de escritura de la autora (tal vez por pura deformación profesional) se orienta a menudo más hacia una novela (de ficción) que hacia una biografía, incluso cuando lo respalda todo con referencias.

Si se quiere conocer a Maria Callas con poco esfuerzo, éste es un libro comprensible. Pero se mezclan muchas cosas: el canto, la vida privada, la prensa de cotilleo. Quizás falte una verdadera caracterización de los aspectos fascinantes de la cantante Maria Callas. Hay muchas aproximaciones, pero ellas quedan demasiado en la superficie. El libro contiene una frase maravillosa al respecto: 

Ella era la palanca que al oyente le daba la vuelta a un mundo, y se le escuchaba de repente a través de los siglos. 

Aquí la autora cita a la poetisa y escritora Ingeborg Bachmann, una de las autoras más destacadas en lengua alemana del siglo XX. Por lo demás, en este relato faltan frases más esclarecedoras.

Grabaciones

Todas las ruidosas grabaciones piratas de sus actuaciones han sido limpiadas digitalmente y reeditadas varias veces, al menos las grabaciones oficiales. Se las puede escuchar en formato digital y en vinilo. Las clases magistrales de Maria Callas en la Juilliard School de Nueva York están disponibles en CD y como obra de teatro de Terrence McNally, y quien quiera saber lo que realmente enseñaba a los jóvenes cantantes puede leerlo en un libro de John Ardoin

Este crítico ha analizado todas las grabaciones oficiales y no oficiales de la cantante en inglés; Jürgen Kesting ha hecho lo propio en alemán y ha añadido todo lo biográfico que merece la pena conocer. No faltan biografías, documentales cinematográficos y libros ilustrados, incluso la necesidad de cotillear está suficientemente cubierta por el mercado del libro, tanto actual como de anticuario.

Una nueva cuestión

¿Por qué una nueva publicación sobre Maria Callas? Eva Gesine Baur, quien también publica novelas bajo el seudónimo de Lea Singer, se formuló a sí misma esta pregunta antes del centenario del nacimiento de la mayor cantante de ópera del siglo XX. Su nueva biografía comienza con esta duda: 

Pero de pronto surgió una nueva pregunta ¿Podría ser que el triunfo y la tragedia de Maria Callas tuvieran el mismo origen: el conflicto insoluble dentro de ella?.

Caja negra inexpugnable

Pieza enlazada

Para acercarse a Callas, Baur opta por un enfoque psicológico. En su opinión, en el pecho de la cantante residen dos corazones: María y la Callas. Como hipótesis de trabajo, puede ser aceptable. Pero tiene el inconveniente de que, en su búsqueda de María, la autora tiene que trabajar con dudosos autotestimonios, entrevistas, habladurías y cotilleos que ya se han contado muchas veces. Y al final, María sigue siendo una caja negra impenetrable.

En su espectáculo operístico 7 Muertes de María Callas, presentado en Múnich en 2021, Marina Abramovic eligió un camino totalmente afín y reunió a la solitaria artista moribunda con sus papeles de ópera. Pero se trataba de un examen abierto, estético y lúdico, no de una biografía de cinco centenares páginas que trataba casi exclusivamente de María sin entrar en muchos detalles sobre Callas.

Ocupación nazi de Grecia

A diferencia de los biógrafos anteriores, la autora no se hace ilusiones sobre el carácter criminal de la ocupación alemana de Grecia. Los comienzos de la cantante, que nació en Nueva York y vivió en Atenas entre 1937 y 1945, estuvieron momentáneamente marcados por ello: por las primeras actuaciones ante soldados y el estreno griego de Fidelio, la única ópera de Beethoven, en el teatro de Herodes Atticus con Maria Callas como Leonore, ordenado por los alemanes.

La puesta en escena corrió a cargo del nazi Oskar Walleck, quien había sido iniciado en la Ópera Estatal de Baviera por Clemens Krauss. El debut de Callas como Tosca fue dirigido por Renato Mordo, un director no poco importante por sus experimentos en la Ópera de Darmstadt en los años veinte, que había huido a Grecia para escapar de la persecución nazi de los judíos.

En el proceso, Baur toma partido de forma un tanto unilateral por María Callas. Los directores artísticos suelen ser unos ambiciosos e intrigantes que no están a la altura de la visión artística de la cantante y la humillan con apariciones en representaciones de repertorio en lugar de sacar nuevas producciones glamurosas. Puede que eso sea cierto en parte. Pero la autora parece poco familiarizada con el negocio de la ópera de los años 50; no hace clasificaciones ni comparaciones.

Acontecimientos políticos centrales quedan fuera

Al final, a ella tampoco le interesan. Porque los socios artísticos centrales de Callas, como Tito Gobbi, siguen siendo figuras menores. Solo el tenor Giuseppe di Stefano desempeña un papel importante, porque podría haber mantenido una relación sexual con la cantante durante su vergonzosa gira de despedida.

Hacia el final, Baur describe en un lúcido pasaje de su libro por qué Callas no es, en última instancia, objeto de una descripción pura de su vida: no fue una representante de su tiempo. Los grandes debates sociales tuvieron lugar sin ella, Callas vivió solo para su arte, sobre el que reflexionó poco y sobre el que, por desgracia, la autora apenas tiene nada que decir. En una época de máxima politización, la política no le interesaba en absoluto. Los acontecimientos centrales de su época, como las revueltas estudiantiles de 1968 en París o la emancipación de la mujer, la dejaron indiferente. Al parecer, solo leía Selecciones del Reader's Digest, ningún libro.

Sin antecedentes ni clasificaciones

Esto convierte la biografía de Callas en una lista de apariciones con un programa de vuelo, en el que la autora concede el menor interés a los acontecimientos escénicos. En puntos cronológicamente apropiados, hay citas de los ensayos centrales de Ingeborg Bachmann y René Leibowitz, pero después de solo media página, la autora corre tras Callas con los paparazzi a la siguiente fiesta.

Baur ha investigado y leído mucho, como demuestra la bibliografía. Pero prescinde de antecedentes y clasificaciones. Quién era realmente la periodista de cotilleos Elsa Maxwell y cómo ganaba Onassis su dinero hay que buscarlo en Internet. El lector es engatusado a lo largo de todo el libro.

Afán por los superlativos y errores por descuido

Baur no tiene una tesis sobre el final de la carrera de Callas. Su idea inicial de contar su vida como una tragedia griega se pierde en las notas de pie de página. El conflicto interior entre Maria y Callas sigue siendo una especulación en la que la autora (casada con el psicoanalista y psicoterapeuta Dr Wilhelm Schmid-Bode) se permite una proximidad demasiado distante con el objeto de su descripción.

Los escabrosos subtítulos de los capítulos, como Karajan se hace el domador, Callas demanda al sobrino del Papa y provoca el frenesí en Chicago, parecen medio tontos. El gusto de Baur por los superlativos la lleva a cometer errores por descuido. Que casi nadie en la Alemania de la época conociera Lucia di Lammermoor puede ponerse en duda. Otro tanto ocurre con la afirmación de que la Orquesta Sinfónica de Rias (Radio in American Sector), de Berlín, tenía la partitura de esta ópera sobre sus atriles por primera vez en 1955: Dos años antes, los músicos habían realizado una grabación a las órdenes de Ferenc Fricsay que aún hoy goza de gran prestigio.

Tosca, Macbeth y Carmen

Las habladurías sobre un aborto llenan casi un capítulo entero; se aprende poco sobre la Medea o la Lucia de Callas. No deja de sorprender que Eva-Gesine Baur, una acreditada escritora musical, tenga tan poco que decir sobre música. Los recitativos de esta ópera de Cherubini se mencionan varias veces: Por desgracia, no fueron escritos por el propio compositor, sino por Franz Lachner.

Citando el aria de Puccini "Vissi d'arte" de Tosca, Callas dedicó su vida al arte. Nos habla desde sus grabaciones: de Tosca bajo Victor de Sabata", en su Lady en Macbeth con el mismo director o la aún infravalorada última Carmen dirigida por Georges Pretre. Los más valientes prestan oído a la sensacional Kundry en un Parsifal de la radio italiana. Aprenderán más sobre Callas con ella que con este libro.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.