Marianne Clément ubicó la nueva producción de
Don Giovanni que abrió el Festival de Glyndebourne en una sala de hotel rodeada
de habitaciones en diferentes niveles donde junto a los personajes entran y
salen chicos y chicas que interrumpen la escena con risas, corridas y
cachondeos varios. El final del primer acto tiene lugar alrededor de la enorme
torta de bodas de Zerlina y Masetto, que al final de la obra vuelve a aparecer
semi-comida por un Don Giovanni no solo mujeriego sino también glotón y bebedor,
justo antes de su confrontación final con el Comendador. Su credo final (“Vivan le femmine, viva il buon vino!
Sostegno e gloria d'umanità”) salió como
si estuviera a punto de vomitarlo todo: el vino y la torta.
Otros toques de vulgaridad incluyeron un aria
del catálogo durante la cual los numerosos los cuadros del hall del hotel se
dan…
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